La Coctelera

Serengeti National Park (IV)

Serengeti es mucho. Nunca te lo terminas y nunca te aburre. Vida por todos los rincones y paisajes alucinantes.

La segunda tarde nos esperaban los elefantes. Crias jugetonas que se divertian juntando sus trompitas y dandose besos en la boca.

Machos jovenes que vigilaban atentos nuestros movimientos y nos mantenian a raya.


Familias enteras comiendo sin parar a nuestro alrededor y terminando con todos los arboles de la zona.

Da igual lo que se protejan las acacias, lo mismo da sus terribles espinas de gran longitud, los elefantes terminan con todo.

Nunca los habiamos visto tan cerca. Tan cerca que con solo extender un poco el brazo, hubieramos podido acariciarlos. Fue un momento mágico.

Apreciamos toda su imponente anatomia. Su rugosa, reseca y resistente piel, su pequeños ojillos negros de pobladas pestañas. Sus grandes orejas surcadas de venas. Sus andares cansinos y majestuosos.


Grandes grupos familiares con una organización perfecta que proteje a los miembros más jovenes y a las hembras embarazadas.

Y los elefantes cruzaron el camino. Y se acercan.


Y se acercan.

Y se van.

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