La Coctelera

Mali : de Mopti a Djenné (II)

 

Nos cruzamos con innumerables barcas de pescadores que echan sus pequeñas redes al rio. Jacobo las observa y  para a una de ellas para comprar el pescado, recien salido del rio, que comeremos en la cena. Tiene una pinta fantástica.

Empieza a caer la tarde y la idea es navegar hasta llegar a una aldea o algun sitio tranquilo para acampar. Montaremos las tiendas de campaña y un buen fuego para cocinar en medio de la nada. Nos seduce la idea de poder pasar la noche bajo las estrellas en medio del desierto a la orilla del rio y poder disfrutar del silencio  y, sin ningún tipo de contaminación lumínica , observar el firmamento.

 

 

 

La tarde transcurre con calma, viendo pasar el rio Niger desde la pinaza. Las pequeñas aldeas y sus gentes dan color y vida al arido Sahel. Las nubes empiezan a llegar y de tanto en tanto tapan el sol dándonos momentos de respiro tras el intenso calor del dia.  Las mujeres lavan ropa en el rio y los niños juegan y nos saludan al pasar.

 

 

 

El cielo va cubriendose poco a poco y a lo lejos comenzamos a observar una tormenta. En un primer momento parece muy lejana y no le damos importancia. Poco a poco vemos que se acerca , los tonos del cielo van cambiando hasta ofrecernos una increible sinfonia de colores. Los pastores se apresuran guiando al ganado de vuelta a las aldeas y nosotros ingenuos disfrutamos del momento sin darnos cuenta la que se nos viene encima.

 

 

Mientras, los hombres y mujeres de las aldeas van terminando el trabajo del dia y se relajan bañandose en la orilla. Los colores del atardecer con la tormenta son mágnificos. Tenemos el sol a la espalda y la tormenta de cara.  Ahora si que nos damos cuenta de que viene hacia nosotros y vemos caras de preocupación en Jacobo y la tripulación  que buscan un lugar adecuado para acampar y esperar a que escampe.

 

 

Al final tormenta se nos viene encima y no tenemos tiempo de buscar un lugar apropiado, solo podemos llevar la pinaza a la orilla e intentar amarrarla. Yo insisto en que mejor que nos pille la tormenta en tierra que en la pinaza y que, por mucho que llueva las tiendas de campaña han de aguantar, pero el resto dice que no, que no hay manera de montarlas y que mejor quedarse en la pinaza... en buena hora!

Empezamos a sentir el vendaval que precede a la tormenta y nos acojonamos cuando vemos que, a la tormenta de agua la antecede una enorme nube naranja, una tormenta de arena impresionante. El cielo se vuelve negro. El viento arrecia, formando remolinos de arena. Los capotes de lluvia que nos hemos puesto hacen efecto vela y comienzan a romperse. La tormenta de arena nos alcanza. La cámara de Edu es la primera en caer. No hay forma de taparse ojos, nariz y boca y aunque lo intentamos comemos arena como unos campeones. Pasamos unos increibles y largos minutos tratando de hacernos una bola y dejar la menor superficie a merced de la tormenta. La arena comienza a irse y llega el viento y el agua.

Los chicos de la tripulación piden ayuda, no pueden seguir sujetando la pinaza solos. Edu y Victor como unos campeones salen a tirar de la cuerda para que no nos vayamos al medio del rio, en algunas zonas hay rocas y podriamos encallar. Los minutos corren y estamos todos empapados, los de fuera por que aguantan a cuerpo gentil y los de dentro que nos afanamos a bajar las esteras e intentar poner todo sobre las mesas o en algun lugar que no chorree el agua.

Finalmente el viento para y consiguen amarrar bien la barca. Entran todos y cerramos todas las esteras para tratar que caiga la menor agua posible dentro. En ese momento hacemos balance. Cámaras empapadas, la de Edu rota, ropa por todos los lados chorreando barro y agua,  caras y pelos naranjas de la mezcla de agua y arena, colchonetas empapadas, pies y zapatos mojados,  agua por todos los lados... La verdad que con todo el momento resulta de los más cómico y nos reimos Fuera sigue lloviendo a cantaros. Dentro no se ve un carajo...

 

 

 

 

La noche ha caido, encienden alguna lampara de queroseno y buscamos entre los restos las linternas como locos. Todos estamos humedos, con frio y bastante incómodos pues cualquier sitio para sentarse esta mojado, además al estar encerrados en la humedad los olores del barco empiezan a aflorar. Tambien aparecen algunas criaturas que habian permanecido escondidas en la sombras que no hacen que la situación mejore . Aguantamos como podemos hasta que viene la cena (no sabemos ni como pero se han apañado para cocer un cus cus y el pescado en la pequeña cocinita de atras del barco). Esta increiblemente picante y así vamos entrando en calor. Fuera sigue lloviendo y no hay nada que hacer. No podemos acampar  luego tendremos que apañarnos para hacer habitable la pinaza para poder dormir.

Yo soy medio claustrofóbica y la idea no me seduce nada de nada pero no nos queda otra. Quitamos las maderas que hacian de bancos y de mesas y nos ponen en el suelo los colchones y las mosquiteras para cada colchón que antes estaban en el techo de la barca (mojados, si) y nos disponemos a intentar dormir. Victor y Patricia en la popa, Karim y yo en el medio (las cabezas pegadas de los 4) y Eduardo sobre unas tablas en la proa, Jacobo y el resto de los chicos en los pocos lugares que quedan medio cubiertos todos apretujados. Victor, con toda su buena intención, saca unas laminas de térmicas/aislantes de papel de aluminio. En buena hora!. Aislar no es que aislen mucho, pues se mueven y se arrugan costantemente, pero el ruido en brutal. Cada mínimo movimiento es un ruido como de envolver bocadillos que hace aun más surrealista la situación. El suelo del barco tiene forma cóncava que hace que te muevas todo el rato hacia el centro y cada movimiento es un ruido y la mosquitera que se sale... además me estoy meando y quiero fumar pero es imposible de todo punto moverme... Karim duerme como un tronco en un agujero entre el colchón (que suerte tengo de tener un hijo tan todoterreno) y yo trato de no moverme. Eduardo ronca en la proa. El no moverse tampoco es bueno, la cucarachas aprovechan para inspeccionar... Que nochecita!

Afortunadamente todo pasa y todo llega. Cuando Eduardo comienza a moverse yo veo el cielo abierto y como puedo llego hasta el. En su zona se puede salir al exterior.  Que momentazo! baño, piti, complicidad. Solo con poder movernos ya somos felices, además, al poco comienza a amanecer y es como si fuera el amanecer del primer dia.  La sensación es increible. Trás la claustrofobia y la oscuridad llega la luz y la inmensidad.  Uno de los momentos más bellos de mi vida.

 

 

 

 

El rio es una balsa, no queda nada de la furia de las horas anteriores. El cielo esta tranquilo con jirones de nubes en el horizonte. Los reflejos de la luz sobre el agua son increibles. El amanecer espectacular.

 

 

 

Pasamos una hora embobados viendo salir y subir el sol. Nuestras caras reflejan la nochecita del demonio que hemos pasado pero la paz y la belleza del momento nos iluminan. Abrimos todo para que corra el aire y colocamos como podemos "el mobiiliario". La pinaza funciona y proseguimos el viaje hasta Djene. Nos quedan un par de horas para llegar, el calor del sol nos calienta y los malos momentos se evaporan con las risas de las anédotas vividas.

 

3 comentarios

  • Como siempre el viaje sigue siendo maravilloso y que fotos que tormenta pero hay debajo ibais fenomenal, Jajajaj. Bueno aprovecho para felicitarte, Las Navidades, espero lo paséis muy bien con todo los tuyos. Besos mil

  • que momento!!! sujetando la pinaza, chubasquero que se rompe y comienza a darle al chaval de la lado en la cara!!! Aventura!. PD. RIP Camara!!!

  • ¡¡¡¡pero que fotos tan maravillosas!!!!

    ¿son tuyas?.......preciosas

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