Mucho tiempo sin bloggear... demasiado. Tantos temas de los que hablar... poco a poco.
Empezemos por lo que nunca termine, ese increible viaje por Burkina y Mali del pasado año. Nos habiamos quedado en la pinaza, llegando a Djenné tras una noche de pesadilla y un amanecer magnífico. Jacob nos avisa de que llegamos a destino, estamos ansiosos. El viaje por el Niger ha sido inolvidable, lleno de color y de experiencias pero ya tenemos ganas de pisar tierra y pasear por la mitica Djenné.



Djenné esta aislada por carretera, al encontrarse en el delta interior del Niger y el Bani, solo puedes acceder en pinaza o através de un pintoresco y antiguo transbordador que puede llevar un par de vehiculos por vez y pasa el dia de un lado a otro llevando gente, enseres y coches a una velocidad lenta y cansina que hace que a veces se organicen largas colas al sol.
Nosotros lo utilizaremos al caer la tarde, cuando salgamos de Djenné para regresar a Mopti pero ahora llegamos en la pinaza donde nos recibe feliz de vernos (y mas nosotros de encontrarle) el simpatico Mathuren y el coche con el que tantos km recorrimos.

Djenné se haya en la zona central de Mali y junto con Mopti y Tombuctú fue una de la capitales del fastuoso Imperio de Mali (1235-1546) y posteriormente del Imperio Songhay. La ciudad fue fundada en el siglo IX y alcanzo su apogeo como enclave religioso y comercial entre los siglos XIV y XVI.
La arquitectura de adobe de Djenné te transporta a la edad media. La belleza de sus calles estrechas y sus casas de barro hace que nos olvidemos de que en la ciudad no hay canalización, caminas entre el barro y tienes que ir atento de por donde pisas. Al pisar Djenné te transportas inmediatamente a un tiempo lejano, siglos atrás, donde se vivia de otra manera y las prioriodades eran otras.
Barro en el suelo y barro en los edificios, conviertiendose estos en una maravillosa prolongacion del suelo hacia el cielo. Variedad de tonos marrones interrumpidas por los increibles colores que visten sus habitantes.


El refinamiento y la técnica arquitéctonica con el que los habitantes de Djenné levantaron la ciudad fue inspiración en su epoca para otras ciudades de la antiguedad y sigue estando plenamente presente en la ciudad en el siglo XXI. Protegida por sus espesas murrallas y reparada por sus habitantes todos los años tras las crecidas del rio y las lluvias torrenciales, Djenné es una de las ciudades más hermosas de Africa Occidental.



Aparte de la impresionante mezquita, destaca también la Maison Malga (en el barrio de Algasbah), de estilo tuceler (tekrur), la casa coránica (en estilo sudanés marroquí), el antiguo palacio marroquí, la antigua escuela coránica y la casa del explorador francés René Caillé, entre otras.



Pero el edificio principal de Djenné, alrededor del cual se arraciman todas las casas de adobe y Patrimonio de La Humanidad por la Unesco, es la Gran Mezquita de Djenné. Se trata del mayor edificio sagrado hecho de adobe del mundo y está considerado la cumbre de la arquitectura sudanesa-saheliana.
La primera mezquita fue contruida entre los años 1180 y 1330. Esta mezquita estuvo en pie unos 600 años hasta que se derrumbo debido a la erosión y la lluvia. En 1896 se construyo la segunda mezquita sobre los restos de la primera en base a los planos antiguos aunque algo más austera y posteriormente en 1909 se erigió la tercera, que permanece hoy en dia, siguiendo el diseño original.
Cuando llegamos, estaba en plena reparación, aunque este hecho no ensombrecia la belleza de la impresionante construcción.


Como se puede leer en los carteles, el culto en la mezquita se mantiene y esta prohibida la entrada a los no musulmanes. Lo que si que nadie nos pudo prohibir es rodearla por su contorno, flipando con la pureza de las lineas y subir a una terraza de una casa cercana (a cambio de una propina para el propietario) y disfrutar de la contemplación de la mezquita y de su celebre mercado de los lunes desde lo alto.
La portada está decorada con tres torres de once metros de altura rematadas cada una por un huevo de avestruz. La fachada muestra numerosas vigas de madera cuyo fin es, además de decorativo, el de servir de andamio para realizar las tareas de restauración que tienen lugar una vez al año.
Después de la estación de las lluvias, los edificios de adobe de Djenné sufren el deterioro de sus paredes y techumbres debido a las violentas precipitaciones. En esa época, todos los habitantes de Djenné se congregan cada año en la plaza del pueblo para organizar las tareas de restauración de la Gran Mezquita.
Solo cuando han terminado de restaurar la gran mezquita pueden dedicarse a hacer lo propio con sus casas, la escuela y el resto de edificios públicos. Todo un ejemplo de compromiso y amor por su cultura.


