


El mercado de los lunes de Djenne es uno de los más coloristas y mágnificos de toda Africa. En él se pueden encontrar todo tipo de objetos, medicina tradicional, animales y alimentos... desde las chufas que se cultivan en ese lugar, pasando por jabón de karité y otros productos derivados de éste árbol. Todo tipo de frutas y verduras, especias, cacahuetes, pan, arroz, cabras y ovejas, pescados de rio ahumados o secos, ropas, calzado, utensilios de cocina, bicicletas, neumáticos y como no, vendedores de calabazas... cualquier cosa.
El tormenton de la noche anterior hace que esté todo terriblemente embarrado. Sin embargo, eso no es obstaculo para poner sus modestos puestecillos, vender y compar mercancias y ganarse la vida antes de volver a sus pueblos de origen.




Al mercado viene gente de diversos puntos y diversias etnias. Los songhay, los pescadores bozo, los bambara, los peul, los marka. Tambien vemos a los legendarios tuaregs, los más hábiles mercaderes del continente. Los hombres azules, principes del desierto como tambien se les llama, siguen siendo en su mayoría nómadas pero muchos ya se han establecido en ciudades como Djenné o Tombuctú.



El bullicio es increible, los olores profundos, el colorido espléndido y la gente bellísima en sus hermosas tunicas y vestidos. Todo un despertar para los sentidos. Nos movemos con cuidado para no resbalar entre el barro, acercandonos a todos los puestos, comiendo alguna cosa, oliendo todo y mirando con curiosidad. Todo un privilegio pasear por esta hermosa ciudad de Mali. Como el turismo es escaso (gracias a los cielos!) despertamos la misma curiosidad nosotros en ellos que ellos en nosotros. Los niños se nos acercan, nos observan, nos sonrien, nos hablan, nos tocan... adoro a los niños africanos. Pura esencia de Africa, donde la gente tiene tiempo para mirar a los demás, para interesarse por ellos, para charlar, para la familia, para los amigos, para sentarse en la calle y ver pasar la vida.




Después de comer en el restaurante del hotel Djenné Djenno (muy recomendable si te quedas en la ciudad a dormir) nos despedimos con pena de esta fascinante ciudad de adobe para retomar los caminos malienses y volver a Mopti. La última sorpresa que nos depara la ciudad es la aparición de nuestro amigo Yusef, mudo de nacimiento e increiblemente listo y buen negociador, que parece haberse teletransportado desde Mopti en busqueda de turistas para hacer business. Increibles los chavales, como toda la gente que nos cruzamos en este viaje, cariñosos, optimistas, honestos, alegres buscavidas.


Maravilloso Mali, increible gran país. Facinante Djenné os digo adios por el momento pero estoy segura de que volveré. Inshalá!
